
EL SENTIMIENTO
EVA
Volví a leer la Biblia antes de escribir esta reseña. Busqué el Génesis y señalé con el dedo el momento en que Dios termina su obra: el séptimo día, Dios bendice lo creado y descansa. Luego se le ocurre crear al hombre para que nombrara a los animales, labrara la tierra y habitara su creación; y después creó a Eva porque el señor se veía solo. De una costilla de Adán se crea a la compañera para que ambos habitaran el Edén y disfrutaran de todo lo creado, menos del árbol aquel.
Y luego pasó lo que sabemos: la desobediencia, la duda, la intriga, la serpiente, la desnudez, la culpa y el destierro; la idea, conservada y trascendida: a causa de «la mujer» nos expulsaron del paraíso y nos hicieron trabajar, luchar por el alimento y sufrir enfermedades; no sin antes recordarnos que habitar en resignación sobre ello nos daría el reino de los cielos.
Las preguntas y dudas sobre esta primera parte del primer libro que me leyeron me trajeron conflictos, pellizcos y cuestionamientos. Pero la duda seguía intacta.
La forma que encontró mamá de explicarme el Génesis fue a partir de las parábolas que habitaban el libro sagrado, como lo quería Jesús de Nazaret en el Nuevo Testamento: una forma de decir las cosas no con literalidad, sino con metáforas, ejemplos y cuentos. Esto hizo que, en mí, desde pequeño, la Biblia se convirtiera en un texto literario donde se explicaban cosas de la vida, pues mamá tuvo claro que no era realmente que la mujer fuera la mala, sino la representación de la maldad que la serpiente había introducido en ella, por ser la nueva, la ingenua y por no entender todavía su posición en el Edén.
Aunque Adán tampoco lo entendía del todo, representaba la obediencia, la disciplina y el cumplimiento de las reglas. La idea de un mundo hecho para explicarnos, de repente, para qué estamos aquí.

Fui criado por una mujer sola, con tres hermanas que, al momento de mi nacimiento, ya eran mayores; tenían sus hogares y visitaban a mamá los fines de semana. Cada una construyó su mundo de formas distintas, lo cual no viene al caso, pero, sin duda, la piedra angular de la familia que me tocó estaba basada en una mujer que trabajó incansablemente hasta el último minuto de su vida.
Las figuras de autoridad que rodearon mi infancia fueron totalmente femeninas: madre, hermanas, profesoras, rectoras y coordinadoras. Los hombres de mi infancia eran la añadidura: productores de dinero, generadores de reglas, puntos de conflicto, angustias de presencia y de ausencia, y la resignación social sobre su manera de habitar el mundo y sus decisiones, que, aunque fueran la última palabra, solo eran el producto de cosas que las mujeres ya habían adelantado.
Quizás por todo esto, se me hizo extraño la primera vez que conversé con mis amigos y decían que las mujeres solo servían para el sexo, que solo eran compañía, que la más linda era la más fácil de conquistar y que el mundo estaba construido por hombres. Sin duda, había un “antes” del que yo ya no era parte en los años noventa, y en ese contexto se basa la serie La Primera Vez de Netflix.
Le pregunté a papá cómo fue ese momento en que recibieron a las primeras mujeres en el colegio. Guardó silencio, recordó y dijo: «Muy difícil. Sabíamos que las cosas estaban cambiando, pero en esa época todo fue de una; eran otros tiempos.»
«No sabíamos cómo comportarnos ni qué hacer, pero, sobre todo, le bajamos a la recocha y a lo que hacíamos en lo cotidiano. La presencia de las mujeres nos puso en otro ámbito. Hasta ese momento, las mujeres de nuestras vidas eran las mamás y las hermanas, y, aunque había profesoras, estas se comportaban como hombres; de hecho, les teníamos más miedo».
Papá y mi tío son el referente de «hombres machos» en el que se mantiene “don José” dentro de la serie La primera vez: conservadores, directos, tercos, pesimistas frente a los cambios, que a diario siguen añorando ese pasado «cuando las cosas eran mejores y la gente sabía respetar».
Eva, entonces, llega a un colegio de hombres que no sabían otra cosa sobre las relaciones salvo lo que aparecía en las revistas porno y en los cines XXX de la época. Los burdeles eran puntos de encuentro social y los bares nocturnos lugares donde «las niñas bien» nunca estaban.
Recuerdo una conversación, hace tiempo, en la que analizábamos tangos y baladas. Alguien me dijo:
—Johan, a usted, que le gusta la historia, piense en esto: si las mujeres “de bien” eran las hogareñas, las cocineras, las costureras, las de manto y misa, ¿entonces a qué amantes les cantaban los bohemios?, ¡Pues a las putas!
Las risas de mis amigos inundaron el espacio, pero mi cabeza solo recordó una historia de infidelidad que le hicieron a papá. Una “hogareña” le decía que lo esperaba los sábados para comer helado; pero el día que a don Antonio le dio por ser espontáneo y visitarla también en domingo, se enteró de que ese día estaba reservado para su mejor amigo.
Papá no luchó por ello y tampoco le reclamó a su amigo. Su frase fue:
—Una más.
Y con esa máxima habitó el mundo desde siempre.
La Primera Vez es una combinación de muchas de las cosas que ya sabemos sobre ver televisión, cine y series. Quienes estamos en Netflix desde antes de House of Cards podríamos identificar con facilidad los momentos y fórmulas narrativas en las que Dago García se apoya para componer una historia que es, sin duda, una serie pensada para esa plataforma, porque incluso en eso parece haber un manual.
Sin embargo, la propuesta de la producción gira alrededor de una discusión que sigue abierta: cómo habitar este mundo, el amor y las relaciones.
El personaje de Eva dentro de la serie genera conflicto. He tenido amigos que la odian y otros que la aman, lo que indica que se trata de una propuesta construida sobre una tensión clara: para algunos representa lo que debe ser; para otros, lo molesto de alguien que siempre tiene algo que decir.

Los diálogos de los personajes insisten en señalar que ella tiene un libro, una frase o un ejemplo para cada conflicto que aparece. Sin embargo, aludiendo al sobrepensamiento de Granados, he tratado de mirar el personaje desde otro lugar: Eva, a veces, parece como si no existiera del todo. Como si fuera un impulso, una emoción, una pequeña voz en la cabeza que retumba en todos y todas según nuestra formación.
Es ese algo que nos empuja a hacer algo diferente: proponerlo, intentarlo, arriesgarnos a equivocarnos. Cambiar dentro de una sociedad que se presenta como sólida, clara, construida en cemento y llena de manuales definidos, pero que, cuando se observa con cuidado, revela lo contrario: ideas superficiales, urgencias de control y moralismos que nos hablan constantemente del pecado para moldearnos hacia una forma específica de vivir.
Una forma que, muchas veces, termina produciendo una profunda insatisfacción con la vida: casi una resignación, casi una cárcel en libertad.
La propuesta que traigo es ver al personaje de Eva como ese sentimiento que nos hizo cometer errores y aprender de ellos. Esa voz que parecía coherente en nuestra cabeza, replicada en nuestros amigos y rechazada por los adultos y por la autoridad, al no ser «normal», sino tan solo «el reflejo de la juventud».
Si observamos muy en el fondo del guion, en los momentos en que los muchachos, la sociedad o la estructura de mundo que propone la serie entran en conflicto, Eva no está del todo presente. Aparece antes, propone las cosas y luego desaparece mientras ese cambio se realiza. Por alguna razón: fue víctima de su propio invento, fue juzgada, fue rechazada, fue señalada, fue llevada ante la directora.
Los personajes aparecen conversando sobre si tuvo o no razón, y los padres analizan si esas ideas deberían ser así o no. Cuando todo vuelve «a la normalidad», Eva regresa con otra idea de cambio.
Porque esa es la Colombia que nos ha tocado: un país en el que, luego de momentos de tranquilidad política y social, aparecen temas que nos alientan nuevamente a abrir conversaciones en el calor fraterno de un almuerzo de domingo.

El «sentimiento Eva» es esa pasión por lo distinto, esa urgencia por ver de otra manera, esa terquedad de saber que otra forma de habitar el mundo es posible y esa necesidad de demostrar que, aunque algo se haya hecho siempre de la misma manera, no significa que esté bien.
Desde el momento en que llegó al José María, Eva sabía que su obligación era hacer cambios, los que fueran. Como un juego, permitir que esos pelaos, asustados por una mujer, creyeran que ella traía la verdad revelada sobre lo que pasaba fuera de ese mundo masculino.
Demostró entonces que ese machismo, esa violencia y esa forma de habitar en «lo rudo» eran fachadas que ocultaban sentimientos, dudas y preguntas que los muchachos, con la edad, comenzaban a hacerse.
Durante las primeras temporadas vemos un cambio profundo en la forma de relacionarse de los hombres a causa de las ideas de «la feminista».
La Primera Vez es una serie que se ve y se conversa desde lo que les tocó a nuestros padres, desde lo que vivimos en el colegio y desde lo que habitamos en este mundo de dudas e inquietudes sobre lo establecido. No es simplemente una novela dramática en la que un hombre deja todo por la mujer amada.
Es también una forma de materializar esos deseos de cambio que han permitido a la sociedad trascender y que son necesarios para evaluar nuestros propios actos. Sin duda, quienes asumen una posición única e incorregible se quedan como don José, habitando un mundo diseñado para el cuestionamiento constante del otro, creyendo en prejuicios, en sesgos, en señalamientos, procurando que todo lo que sea “anormal” es una propuesta del maligno para quitarnos la paz…
¿Pero cuál paz?, ¿Cuál tranquilidad?, ¿Cuál amor?
La propuesta es romper esas barreras que nos impiden ver el mundo tal cual es, asombrarnos con el horror y el amor, preguntarnos por el orden y el desorden, reconocer un mundo pasado y proponer uno nuevo, señalar lo que está mal y construir otra realidad, superar el miedo a ser distinto, a atreverse a cosas nuevas y a sentir, como Eva, la necesidad de dudar de todo.
Texto
Johan Andrés Rodríguez Lugo
Director de la revista El Rollo
Magíster en Comunicación
Comunicador Social y Periodista
"No es que uno quiera, es que toca, entonces tin"
Imágenes:
Tomadas de internet como referente
