Alza tu voz, Altavoz

Nombrar este texto como una canción de Attaque 77 tenga mucho, poco o nada que ver, lo cierto es que si hacemos un recorrido por diferentes eventos de este tipo en diversas ciudades del país, hay algo en común, la gente cuenta con espacios donde las voces se unen bajo un mismo ritmo, el Rock y los géneros alternativos.

En otrora, el festival de la cancha cincuentenario, usted se bajaba de la estación Universidad del metro a hacer fila. Ahora el público llega en alimentador. Si el plan son los viajes largos la circular sur, o circular tour popularmente conocida, está dispuesta. O si hay tiempo para “tirar” calle, caminar es la opción.

Desde el terminal sur de la capital antioqueña en línea recta hay tal vez 15 minutos mal contados caminando, pero teniendo en cuenta que no se puede saltar una malla y tampoco invadir la pista del aeropuerto Olaya Herrera, el recorrido que toca dar (a pie) es considerable.

Medellín tiene el honor de ostentar diferentes calificativos y premios a nivel mundial, Altavoz no se queda atrás, la organización procura garantizar la comodidad y seguridad tanto de las bandas como del público, todo debidamente dispuesto para que pocas cosas salgan mal. Por eso, se puede asegurar sin temor a equivocaciones, que es el festival más representativo de Antioquia.

 

“Aguavoz 2016”.

Dicho por un integrante del staff: “Altavoz sin agua, no es Altavoz”.

Lo único incontrolable para la organización es el clima, la lluvia se niega a dejar el festival, siempre lo acompaña año tras año.

Esta vez tuvo que ser suspendido por espacio de una hora y media aproximadamente, debido a que la tormenta eléctrica representaba un riesgo para el grupo en tarima y el público.

Obviando este detalle, usted desde que llega hasta que sale vive en un mundo diferente, la diversidad es amplia y el respeto mayor. Las bandas ultiman cada detalle para que el show sea el adecuado, el público responde, cabecea, “moshea”, poguea, o simplemente aplaude, cada quien disfruta la música como mejor le parece.

El cartel, de lujo, o por lo menos en lo que a mí respecta estaba dispuesto para todos los gustos. Tal vez la discusión puede generarse dado que uno siente que algunos grupos tienen el sonido y la puesta en escena suficientes para merecer pisar el escenario principal, pero no vamos a hablar de eso ahora.

La dinámica de las dos tarimas es perfecta, si a usted no le gusta lo de allá, escuché lo de acá, si no se siente satisfecho allá y acá, la zona de comidas o de venta de accesorios también es opción para que distraiga el paladar, el bolsillo y hasta los ojos.

Como todos los eventos, no solo de Rock, no solo musicales, tiene cosas por corregir, pero para mí resulta positivo y satisfactorio que cada región tenga sus festivales para mostrar talentos locales, incentivar al público con bandas nacionales e internacionales y además, ofrecer espacios adecuados para disfrutar de estos.

La invitación es para que asista masivamente, apoye, disfrute, pero no sobra hacer la recomendación, si va a viajar a Medellín por estos tiempos de final de año, ármese de impermeable, paraguas, botas, un buen abrigo, y si tiene cámara protéjala, pero no deje de asistir, las experiencias son únicas e irrepetibles.

 

Christian David Acuña Hincapié

Revista El Rollo

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