Lectura en voz alta en Libélula Libros Armenia

Lecturas rituales del informe de la Comisión de la Verdad. Volumen testimonial: Cuando los pájaros no cantaban.

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¿Qué es una voz? «Si las víctimas nos hubiéramos quedado calladas, seguramente no estaríamos hablando de paz». Una voz rompe el silencio, no solo por la irrupción del sonido en el espacio sino porque nos permite entrar en la historia del otro. Ese otro tramita su dolor y nosotros asumimos nuestra responsabilidad. En el caso de los periodistas, a partir de allí, podemos recibir la autorización de narrar esa historia o al menos intentarlo.

El interrogante y la frase que lo complementa abren el volumen testimonial del informe, Cuando los pájaros no cantaban. Es por esto que Libélula libros Armenia decidió seguir el “mandato” de realizar lecturas rituales del informe. Esta invitación, y casi obligación, se recibió en la voz del padre Francisco de Roux y hace parte de las diferentes recomendaciones que trae el documento. El silencio es cómplice fundamental para que el conflicto armado encuentre territorio fértil en Colombia.

Es así como la librería decidió realizar una convocatoria para hacer una lectura en voz alta los lunes a partir de las 6:30 de la noche en la sede de Libélula. Esta actividad inició el lunes 18 de julio y se extenderá el tiempo que sea necesario para cumplir a cabalidad con el objetivo de conocer los diferentes capítulos del documento, así lo manifestó Jhon Isaza, librero, y uno de los personajes detrás de esta idea.

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Libélula provee el espacio, algunos ejemplares impresos del informe  y una idea de compartir a través de la lectura en voz alta, pero la dinámica de la experiencia se construye con la participación de todos los presentes. Se busca impulsar una interacción la cual inicie con la lectura pero a la expectativa de que puede suceder de ahí en adelante, analizar, debatir, conmoverse, llorar, compartir otras experiencias, todo lo que pueda llegar a pasar será bien recibido, señala Isaza.

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Se parte de una forma sencilla pero tradicional. A la usanza de aquellos relatos orales donde una persona iniciaba la historia y el rol de narrador se iba rotando entre los presentes, en Libélula alguien inicia la lectura con un par de fragmentos del documento para luego rotar el micrófono y que la siguiente persona continúe. La participación es voluntaria, y si alguien no quiere leer y solo desea aproximarse a la experiencia a través de la escucha también es bienvenido. Y qué importante es escuchar. Y por alguna razón, no muy clara para mí, hemos prescindido de la escucha y priorizado el habla, quizá por eso ya no nos conocemos como debiéramos.

La primera sesión logró reunir alrededor de 25 personas, que no solo avanzaron en la lectura del documento sino que también dieron rienda suelta a sus propuestas para complementar la iniciativa. Momentos de pausa entre testimonios, complementar la lectura con los audios que se encuentran en la página de la Comisión (https://www.comisiondelaverdad.co/)  y que también hacen parte de este trabajo, incluir elementos simbólicos que ayuden a aproximarse de mejor manera a unos relatos que “afectan” de diferente forma a cada persona. En fin, los primeros ladrillos en la construcción de espacio que se irá edificando jornada tras jornada.

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Y sus voces me trajeron hasta aquí

Una razón fuerte para dedicarme al periodismo fue, es y será la voz del otro. Recuerdo bien que hace tiempo escuché dos voces que me marcaron antes de elegir como forma de vida el periodismo, no solo por lo que decían sino por cómo lo decían. Un hombre y una mujer. Él reportero del noticiero 24 horas en ese entonces. Ella presentadora y periodista del noticiero Tv Hoy. Estos espacios informativos eran los que mi padre prefería.

Él uno de los referentes periodísticos más importantes del país y muy preocupado por la ética de la profesión, el maestro Javier Darío Restrepo. Ella fundamental en el ámbito periodístico, formadora de nuevas generaciones de reporteros en Colombia de manera oficial y no oficial, un ejemplo a emular. 

Debo reconocer que cuando arribó a ese espacio su presencia pasó desapercibida para mí, me encontraba un poco enmarañado en la charla previa con Jhon y la cámara fotográfica para registrar la sesión. Pero una vez llegó su turno de lectura mi cabeza retumbó, era ella, esa voz inconfundible no solo me transportó a otros tiempos, sino que como lo hacía en aquellos días me conectó plenamente con los relatos y las situaciones planteadas por las víctimas en estos testimonios. Y ¡sí!, estaba allí compartiendo la lectura en voz alta con la señora Judith Sarmiento.

Compartir ese espacio y escuchar en su voz, en vivo y en directo literalmente, fragmentos del informe de la Comisión de la Verdad fue más que suficiente. Lo mismo sucedió las veces que tuve la fortuna de compartir con el maestro Javier Darío, simplemente disfruté del momento. 

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Y esto continúa

El lunes 25 de julio será la segunda sesión de estas lectura rituales en Libélula libros Armenia, a partir de las 6:30 de la noche para que se den una pasadita por allí. La librería está ubicada en Avenida Bolívar 15 Norte – 23 en Armenia, Quindío.

La iniciativa se ha recibido con agrado. Tanto así, que otras librerías en el país han decidido unirse al espacio, el mismo día y a la misma hora. Oromo café librería en la ciudad de Cali, Hojas de parra librería en Bogotá y Libro Tinto en Montería iniciaran entonces las lecturas rituales el lunes 25 para todos aquellos que deseen participar. 

 Los responsables de este espacio son Natalia Barriga, periodista de Baudó agencia pública y coordinadora de Ítaca laboratorio periodístico, Juan David Sáenz librero, Lucía Sepúlveda filóloga y docente universitaria, además del ya mencionado Jhon Isaza. Todos comparten la firme convicción de contrarrestar el silencio del que tanto se habla en el informe, a través de estas lecturas rituales.

Créditos

Jorge Alberto Mendoza / Editor General

Comunicador Social - Periodista Universidad del Quindío.

 "No se mucho de nada pero me gusta aprender, ramonero de corazón y enfermo por las imágenes".