MIÉRCOLES

25-marzo-2020

Ilustración: Cortesía de Alberto Martínez
"BETTO"
 @bettoespectador 

Me despertó el trinar de los pájaros, hace tiempo que no los escuchaba, ni los veía, me habían dejado de hacer falta. A veces cuando salía muy temprano de mi casa para la Universidad, veía un conglomerado de tórtolas comiendo maíz en la casa de un vecino que madrugaba a alimentarlas, pero además de ellas y algunos gallinazos que bajaban a vigilar las bolsas de basura los lunes, miércoles y viernes, no había existencia de otras aves. En mi cuarto hay dos claraboyas grandes, tan grandes que puedo decir que es el sol lo que me despierta, y luego de iluminadas, la sombra de los pájaros o aviones es evidente. Hoy escuché canarios, azulejos, y uno de esos pájaros grandes de pecho amarillo y pico imponente negro, con un canto que suena como “tucu tucu, tucu tucu”, toches les dicen, sí, bueno, no sé nada de aves. El caso es que ahora, luego de los días de aislamiento se escuchan más y por más tiempo.

Mi cédula termina en 4 y hoy era el día que tenía permiso de salir a comprar, no recuerdo la última vez que pedí permiso para esto, o la última vez que mostré mi cédula para algo que no fuera entrar en una discoteca, o a los soldados del Ejército cuando me paraban en la calle. Tenía hasta las 12 del medio día para comprar. La verdad, me contuve hasta el último minuto de salir, no quería, llevo casi 5 días completamente encerrado, salvo ayer que fui donde papá, pero lo hice a bordo de taxi, las calles de Calarcá me hacían falta.

Salí por mero acto de ansiedad, mañana se vencen los servicios y no los había pagado. Por internet no podía y solo tenía este día para hacerlo, además, hace días se quemó el bombillo de mi lámpara y era momento de cambiar de cepillo de dientes. Los decretos hablan de comodidades en los pagos de servicios y demás, pero si podía pagarlos, era mejor hacerlo. Entonces alisté mi ropa, mi camiseta de Deadpool, por aquello de la protección, y un tapabocas negro que me consiguió mi primo, es de tela así que decidí meter un pañuelo para que fuera un verdadero escudo. Pantalón jean, tenis converse y un saco manga larga con capota. Mi mochila y mis gafas, bueno no, decidí al final salir sin ellas porque también son foco de infección, se les puede pegar cualquier cosa, son focos de virus, recuerden, toda superficie está expuesta a esto.

Salí de mi casa, caminé dos cuadras, subí dos faldas y me encontré un gato en pose de cazador, al frente una paloma caminaba desprevenida, no lo había visto, decidí quedarme quieto y observar a la naturaleza en su esplendor. En la otra esquina, una mujer, de saco blanco y tapabocas azul también vio la escena y se quedó quieta esperando el momento. El gato se agachó, esperó, la miró, se agachó más; la paloma caminaba por aquí, y caminaba por allá, picoteaba aquí y allá, pero ya se había dado cuenta que la estábamos viendo. El gato me miró, se sentó y la paloma salió volando. Lo siento amigo, te demoraste mucho y debo llegar rápido a la EDEQ a pagar el recibo de energía e Internet.

La carrera 24 estaba vacía entre calles 42 y 41. El Parque de los Pájaros Caídos, o mal llamado Parque de Bolívar, está acordonado con vallas de la alcaldía, en los bajos del edificio de las Empresas Públicas de Calarcá, donde queda la empresa Multipropósito, el celador le explicaba a una señora mayor que hoy no podía pagar el recibo del agua porque su número no era el 4, además, la fila salía de las oficinas, no porque estuviera llena, sino porque las personas atendieron la recomendación de un metro de distancia. Esta escena se repetía en farmacias, supermercados y panaderías. Recorrí la carrera 25, la principal de Calarcá, todos sus almacenes estaban cerrados, solo se veían personas caminando, eso sí, todas con tapabocas, algunos de color verde, naranja, negro o azul.

Llegué a las oficinas de la EDEQ, estaba cerrada, en su puerta, un letrero decía que los recibos se podían pagar en almacenes Olímpica, - Debe estar repleto – pensé. Debía devolverme dos cuadras y caminar otras dos, el carro de la basura hacía su labor y los funcionarios recogían las bolsas de la calle, algunos gallinazos vigilaban desde los postes de energía. Los recicladores, también con tapabocas, iban delante del carro de la basura revisando las bolsas.

Casi llegando al primer supermercado, vi mucha gente haciendo fila, algunos con tapabocas, otros no, decidí parar, no podía seguir, los días de encierro se iban a echar a la basura tal cual como ayer. No podía ser parte de esto, debía cuidarme, mis defensas siempre han sido bajas, pensé, miré, pensé, seguí caminando, llegué a la esquina y la fila salía de otro almacén. Respiré.

Primera parada, Olímpica:

  • Señor, muéstreme su cédula.

Entré, me dirigí a la sección de aseo por el cepillo, luego vi que el jabón líquido estaba en oferta, aproveché. Me paré encima de un letrero que decía “Conserve su distancia” estaba pegado en el piso, de letras rojas y ya bastante pisado. La música sonaba fuerte y cada tantos minutos una voz recordaba que solo nos podíamos llevar hasta cuatro elementos de un mismo producto. Esperé mi turno, sonaba “Suavemente” de Elvis Crespo, irónico que ya no podamos besar, ni suavemente, ni otra vez; adelante un señor pagaba el recibo de energía. Llegué a la caja, pagué los productos y mi recibo, ahí no podía pagar el del internet.

Segunda parada, Súper Inter:

  • Señor, muéstreme su cédula.

Aquí hay un punto baloto, así que pagué el recibo de internet, recordé el bombillo de la lámpara, necesitaba uno, pero solo había cajas por tres. Me tocó llevarlos. El letrero de “Conserve su distancia” aquí era amarillo con letras negras y la banda sonora era el himno nacional, recordé que en twitter Margarita Rosa De Francisco aún se está disculpando por un mal trino sobre los símbolos patrios, en este momento pocos entienden de sarcasmos.

Tercera parada, Farmacia El Negrito Calarcá:

  • Señor, muéstreme su cédula.

En los supermercados no había pilas, necesitaba unas AA y otras AAA. Aclaro que las tiendas por mi cuadra estaban cerradas, todas, por eso debí subir hasta los supermercados.

De regreso, el tapabocas me empezó a estorbar, un señor que paseaba con un perro me miró y me saludó, yo estaba quieto, el tapabocas me tocaba la nariz y el pañuelo que coloqué en su interior por aquello de más protección se había deslizado, había caminado varias cuadras desprotegido. Miré hacia atrás, estaba solo, el tapabocas me estorbaba, de la esquina apareció un señor, lo miré, pasó por mi lado y estornudó, aguanté la respiración, el tapabocas ya no era un escudo y mis manos habían tocado muchas superficies, no podía limpiarlas, no podía tocarme la cara, empecé a caminar, sentí, con mi respiración, que las fibras del tapabocas empezaron a ingresar a mi nariz, abrí la boca, me ahogué, me detuve, no podía respirar, estaba ahogado, miré alrededor, estaba solo, ahogado, solo, tuve nauseas. Caminé más rápido, troté – Johan quedan dos cuadras, aguante –.

Llegué, por fin, con angustia a mi casa, abrí la puerta y respiré. Me bañé en alcohol, pero por fuera.

Duré dos horas en filas y mirando productos, algunas despensas vacías, algunos productos más costosos y la gente reclamando medicamentos, giros y retirando dinero. Debo decir que pensé mi salida más traumática, pero además del ahogo por no saber respirar, me alegra ver que los calarqueños han seguido las normas, al menos en la mañana el comportamiento estuvo de resaltar. Ya es de noche, en mi casa todo igual, trabajo, leo, escribo, trabajo, tomo café, trabajo, me limpio las manos, almuerzo, duermo y sigo trabajando.  

SOBRE EL AUTOR

Johan Andrés Rodríguez Lugo

Futuro Comunicador Social Periodista Universidad del Quindío.

- Tomar café, comer mucha pasta, la música, los libros, los viajes, cosas simples y también algunas complejas - “No es que una quiera es que toca, entonces tin”- 

Contacto:

Facebook: https://www.facebook.com/johanandres.rodriguezlugo

Twitter: @UnJohanTin

Instagram: @Johan_RL

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