SÁBADO

28-marzo-2020

Y aquí seguimos esperando. Los días van pasando y quizás por la monotonía he sentido que el tiempo se va más rápido, me levanto, hago cosas, como, trabajo, leo, escribo, leo, como, hago otras cosas, vuelvo a leer, vuelvo al PC, vuelvo a comer y me duermo. Me levanto y todo se repite, hemos tratado en la casa de variar los días, pero a la final todo regresa a la rutina, y no está mal, soy un hombre rutinario, que mira constantemente el reloj y que planea hasta la ida al baño para no perder un segundo de trabajo o de lo que sea que esté haciendo. La pregunta es: ¿por qué ahora la rutina se hace tan difícil? Debe ser por ese dicho de que hacemos lo que queremos, pero cuando nos obligan ya no queremos. Por eso estar en la casa, aunque sea algo normal en mí, ahora está más pesado y creo que no soy al único que le pasa.

Ilustración: Cortesía de MATADOR 
 @matadorcaricaturista / @Matador000 / @ELTIEMPO 

Anoche le propuse a varios amigos que hiciéramos un viernes de siluetas. Para los que no han visto Los Simpson. Un viernes de siluetas nace gracias a una escena en que vemos al profesor Seymour Skinner, rector y profesor de la Escuela Primaria de Springfield, que vive con su mamá y en la soledad de sus días, se toma fotos los viernes. Se sienta delante de una lámpara, y toma una fotografía a la pared. Eso hicimos, fue divertido, fue realmente un viernes de siluetas más allá de la ironía del encierro.  

Los retos han abundado esta semana, muchas personas que jamás habían tenido esta dinámica se contagiaron al nivel de descargar aplicaciones, hacer videos, compartir datos curiosos, como el color favorito, el top 10 de películas y un sinfín de publicaciones reservadas para quienes no separamos los ojos del celular y las redes. Lorudos, nos dicen. Casi todos han hecho un reto, no lo nieguen, así no lo hayan subido a redes, han buscado una manera de llenar la soledad y el silencio, porque este es abrumador, de maneras que uno no se imagina hasta que lo siente realmente.

Meses atrás me vi una serie de adolescentes, se llama “The end of the f***ing world”, realmente la empecé porque en la descripción decía que era una serie sarcástica, irónica y con contenido de humor negro. ¡Esto es lo mío! – pensé – y sí, me la devoré, dos temporadas interesantes, pero me quiero referir a una conversación que tiene James, el personaje principal, con el espectador. Sucede algo malo, y él guarda silencio, en ese momento se activa su voz en off y la escena se disuelve mientras el niño dice:

“Ese día aprendí que el silencio es muy ruidoso. Ensordecedor. Quizá mi padre intentó evitar el silencio toda su vida. Cuando hay silencio, es difícil ignorar las cosas. Está todo ahí. No puedes deshacerte de ello”

Hace tiempo soy consciente que todos estamos rotos de alguna forma y que ha sido el trabajo, el estudio, la calle, los amigos, la música, los libros, la dispersión, el mantenernos ocupados, el beber y bailar, lo que hace más llevadero todo lo que sentimos, pensamos y anhelamos. Pero ahora nada de eso está funcionando, ahora la ansiedad invade, la depresión aumenta, el desespero y el desasosiego gobierna la cabeza de las personas y vemos en redes muchas publicaciones que se preguntan, con justa causa, por las deudas, el dinero, y el futuro. Esto no será fácil amigos, pero aquí estaremos.

Hoy me tocó cocinar, en mi casa somos cuatro, toda la semana ha cocinado mi sobrino, todos lo sabemos hacer, pero él es más habilidoso en estos menesteres, mi sobrino tiene 24 años, yo tengo 25, somos completamente diferentes, pero nos hemos criado como hermanos, somos dos extremos, pero coincidimos en varias cosas, responsables, caseros y en que no nos gusta la sopa. Anoche mientras cenábamos dijo que hoy iba a descansar, yo me propuse para cocinar. El papá quería sopa de guineo, estaba antojado, toda la semana ha almorzado con nosotros y como no hacemos sopa, ni caldos, ni cremas, ni esas aguas con papas (aclaro no critico la comida), está desesperado. Propuso que hoy almorzaría por fuera y que entonces yo cocinara algo para nosotros. Yo le dije que no, que tranquilo, que yo le hacía la sopa. ¡Mafalda estará decepcionada de mí!

La mañana entonces, como era obvio, se me fue en eso, en relajarme haciendo oficio, lavar los platos, limpiar la cocina y preparar los ingredientes para la sopa de guineo, pero qué es el guineo, se preguntarán ustedes, es como un plátano, pero pequeño, es como un banano, pero diferente, es verde, extraño y diferente, es primo de los anteriores, y se usa, entre lo que conozco, para hacer esta sopa. No entraré en detalles, que me disculpen los chefs por lo que se viene: Alisté cebolla, tomate, zanahoria, sal y un espinazo de cerdo que teníamos en la nevera.

Aún no tengo una playlist para cocinar, tengo una que se llama “en el bus”, así que la coloqué, empecé a lavar las verduras y me imaginé al guineo triste, mirándome y diciendo: Toma este puñal, ábreme las venas, quiero desangrarme hasta que me muera, no quiero la vida, si he de verte ajena, pues sin tu cariño, no vale la pena. Así lo hice, seguí con la zanahoria, la cebolla y el tomate.

Entre muchas cosas que temo en la cocina, además de que me brinque el aceite cuando frito tajadas, es que se me estalle la olla a presión. Es un temor de años, es traumático, es el recuerdo que tengo del terremoto pues fue gracias a ese sonido que supe que el temblor había empezado, ese shh, shhh, shhh, shhh, shhhhhh, ssshhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, es una vaina jodidísima para mis oídos, me da escalofrío, tiemblo, me angustio, siempre me toca poner música para no escucharlo. Pero hoy debía enfrentarlo, hoy, con la ansiedad y el desespero que me invade, nos invade, pero tenía que ser fuerte, firme y con toda la actitud, cuatro bocas dependían del resultado de este almuerzo.

Armé la tapa y en la olla puse el espinazo con sal y finas yerbas, luego de treinta minutos saqué la carne y vacié esa agua en otra olla, agregué las verduras y esperé. Hice el picadillo de cebolla, tomate, cilantro y limoncito, y esperé. Me di cuenta que la olla estaba a fuego alto, así que se lo bajé, hice el arroz con la fórmula 2x1 y esperé. Esperé, esperé, esperé. Iba limpiando todo y esperando y cantando: No puedo verte triste porque me matas, tu carita de pena mi dulce amor, me duele tanto el llanto que tu derramas, que se llena de angustia mi corazón…

El resultado final: Dos triunfos, un arroz bien crecido y floreado, y un jugo de curuba espeso y delicioso. La carne quedó bien, blandita, pero como no le bajé a tiempo la llama a la estufa, no se me espesó la sopa, además que olvidé la bendita arracacha, pero bueno, para odiar la sopa la supe coordinar. Luego del almuerzo hice café, tomé la siesta y revisé las redes, los datos aumentan, las noticias nos llenan, pero hoy es sábado, sigamos esperando.

SOBRE EL AUTOR

Johan Andrés Rodríguez Lugo

Futuro Comunicador Social Periodista Universidad del Quindío.

- Tomar café, comer mucha pasta, la música, los libros, los viajes, cosas simples y también algunas complejas - “No es que una quiera es que toca, entonces tin”- 

Contacto:

Facebook: https://www.facebook.com/johanandres.rodriguezlugo

Twitter: @UnJohanTin

Instagram: @Johan_RL

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