¿Recesión Cultural?

Ed. 2

Embelesados por el auge y el desarrollo de centros “académicos” y “culturales” estamos a menudo desconociendo que la ignorancia está creciendo. De hecho, ¿qué significa cultura?, ¿qué hay en su esencia y en su historia?

 

Cultura significa cultivar: la tierra, los animales, el hombre; por último está la educación, palabra que en las lenguas anglosajonas conserva casi intacto su sentido original de recorrido, de camino, desde la pobreza, desde la ignorancia, hasta la riqueza de una personalidad edificada en el tiempo, en el conocimiento, en la experiencia. No significa primero que todo y necesariamente libros, erudición, contenidos, pensamientos difíciles; significa que un hombre no se hace hombre, que una zanahoria no resulta ser una buena zanahoria, ni un pueblo un buen pueblo si no se rodean de cuidados.

 

En cambio se ha pasado rápidamente de una sabia y milenaria cultura popular, a un bienestar ignorante porque se ha comenzado a llamar cultura al conocimiento funcional (el pedazo de papel) y también especializado que crea muchos intelectuales y superintelectuales a veces culturalmente ignorantes.

 

Sí, porque son celosos de sus conocimientos, hacen alarde ante los demás sobre ciencia, deporte, arte, sustituyendo la cultura perdida.

 

Por lo menos los ignorantes de otra época respetaban la cultura.

 

En esta situación se observa la expansión del consumismo ligada a la recesión cultural, con pérdida de memoria histórica y, por lo tanto de proyección, ya que la conciencia cultural actúa siempre, no solo en relación con el pasado, sino también en relación con el futuro.

Este hecho infantiliza a los pueblos y los hace aparecer como comunidades de adolescentes hastiados y viciados.

 

Hace poco escuché a un estudiante decir: “Yo voy a la Universidad para que me instruyan, no para que me eduquen ni para la cultura”. Ya  Kafka, de hecho, había dicho  que ya no existía ni el misterio ni la novedad, sino la mera instrucción para el uso.

 

De esta decadencia cultural, tiene una fuerte responsabilidad la televisión que convierte en espectáculo, generalmente de pobrísima calidad, toda posible “pregunta” sobre cultura, idiotizando y adormeciendo potentemente las conciencias a inmovilidad, donde el consumismo presenta su programa: la consumación sin memoria.

 

Despertarse a la cultura no quiere decir necesariamente tomar un libro (también, pero no es determinante). La cultura, precisamente porque no se puede poseer con un criterio consumista, es, como diría maravillosamente Simone Weil, una orientación de la mirada.

 

La cultura es espíritu; y el espíritu es más real que las sillas, el tablero y los computadores.

© 2019 by revista El Rollo

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