Cha cha cha,

pogo, rock y mucho más

- “Necesito seis mujeres que suban a la tarima”, dijo Guillermo.

Me encontraba mojada porque apenas subió al escenario la banda empezó a llover, pero eso no me importó. Me subí en un parlante gigante y aunque mido 1,75 mts de altura no me sirvieron para subirme sola, así que mis amigos me hicieron “pata gallina” y para arriba. Primero lo mire a los ojos, muy parecidos a los de una mosca con esas gafas y me causó gracia pero, cuando se subió los enormes y extravagantes lentes negros para explicarnos cómo debíamos bailar, me fije que sus ojos tienen casi la misma forma que los míos, “medio achinados”, así decimos acá en Colombia, quién sabe cómo le dirán los argentinos a esa forma de “ojito chiquitito”.

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No soy muy buena para hacer el famoso delineado de gato así que antes de arruinarme todo el maquillaje preferí no intentarlo. Sonó en mi playlist, y mientras me aplicaba el corrector en las ojeras empecé a cantar después del zumbido de mosca, “cuando no tengas donde ir, cuando te sangre la nariz, cuando te duela la cabeza y se termine esta cerveza” ... Me la dedique frente al espejo, cuando iba terminando de tapar las ojeras y continuaba con la base para cubrir los granitos, empezó el corito “yo romperé tus fotos, yo quemare tus cartas para no verte más, para no verte más…”.  Como tenía la lista de música en aleatoria empezó a sonar un clásico de 1999, yo apenas si estaba a punto de nacer pero, desde los 10 años ya me bailaba el cha cha chá. 

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Me encontraba a su lado derecho, el ritmo de Cha cha chá empezó a sonar en vivo, él empezó a cantar “vení, bailá, quédate un rato más, no ves, que estoy, muriéndome de amor…”. Seguramente las que morían de alegría y amor éramos esas seis mujeres en tarima. Pie derecho adelante, luego atrás, nuevamente y a la tercera una vueltica decía el vocalista de La Mosca Tsé Tsé. Era un sueño, ese estaba siendo mi sueño y en los sueños uno no recuerda a las demás personas muy bien, así que mucho menos iba a recordar a las más de 9000 personas que se encontraban en el concierto del primer día del Festival ICR (Festival Internacional Ibagué Ciudad Rock).

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-Mariale ya es tarde, deja de cantar y llama rápido un taxi o llegarás tarde al trabajo, dijo mi mamá.  Ella tenía razón, yo soy de las que se sueña mucho las cosas y a veces me distraigo fantaseando con las canciones. Por ejemplo, antes de dormir soñaba bastante con ser presentadora de un canal de televisión antes de los 20 años en la señal local de la ciudad y a los 19 cuando conseguí pasar el casting ¿se imaginan cómo dormí esa noche?, exacto, no dormí ya que soñaba con la mi primera grabación. Siendo así, cuando me llegó la acreditación para cubrir el festival de rock que se realiza en mi ciudad empecé a pensar y proyectar mi sueño hacía ¿será que lograré una foto con Guillermo Novellis? ¿qué tal que logre subirme y cantar en la tarima con él?, aunque mi voz no es la más encantadora, en un sueño todo sale bien, en fin, lo único real del asunto fue que nunca pensé en una entrevista, ya que cuando llegué al evento lo primero que nos dijeron a los periodistas fue, “La Mosca no da entrevistas”.

Era la primera vez que me encontraba tan cerca de un concierto rock, pues lo más cercano fue cuando tenía 13 años y vi uno de Pink Floyd, obviamente por televisión, ya que todos los viernes a las 8:00 de la noche presentaban conciertos de bandas reconocidas en el mundo del rock y yo no me perdía ese programa.

 El cronograma de las bandas que se presentaban el primer día iba así: 

-Bonanza, Psylock, Autopista 40, Yooko y resulta que después seguía Dafne Marahunta uno de mis grupos favoritos a nivel local pero, en realidad el presentador del evento anunció a “su majestad La Mosca Tsé Tsé”, yo me encontraba entre el público tomando algunas fotos y realizando entrevistas pero en un abrir y cerrar de ojos ya estaba de nuevo en el foso de prensa para estar en primera fila viendo a una de las bandas favoritas de mis padres y sin duda una de las mías.

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Autopista 40 es un grupo de chicos que aman el rock, era su primera vez frente a tantas personas, Sebastián el baterista dijo “es inexplicable lo que sentí, en un momento veía a mis amigos y mis padres que casi siempre iban a nuestros toques en bares y cuando quise volver mi mirada se me perdieron entre la euforia de la gente, fue increíble”. Eso tuvimos en común, para ambos era una primera vez y ese sí que fue un día de nuevas experiencias. 

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“Por eso yo te doy toda la vida, por eso yo te doy mi corazón, por eso yo te doy lo que me pidas, por eso yo te doy todo mi amor…”. Como en el video de esta canción que es la continuación de la historia de otro gran éxito de La Mosca - Para no verte más, las seis bailábamos al ritmo del cha cha chá argentino. Cuando termino la canción abrace a Guillermo, me baje del escenario y seguí en el sueño, cante a todo pulmón, Muchachos esta noche me emborracho, Baila para mí y otras canciones de esta gran banda argentina. 

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“Pasa el tiempo, hoy te olvido y mañana te pienso… miro al cielo buscando que me de consuelo, sigues siendo la parte de mí que no entiendo… vuelve amor fui yo quien hirió tus sentimientos fue mi error”.  Don Tetto es una de las bandas que más escuchaba a los 11 años, cuando el mp3 y mp4 eran el “boom” en tecnología que permitía guardar música; en el 2011 cuando se lanzó "Mi error" de la agrupación  bogotana, Jaime Valderrama uno de mis amores platónicos tenía el pelo pintado de rojo, cuando estuve atrás en el lugar al cual teníamos acceso los de prensa nos fijamos con un grupo de compañeras que él salía del baño portátil, dijimos “es ahora o nunca” y como típicas fans llenas de emoción y nervios le pedimos una foto. 

Para este 2019, la banda regresó con su nuevo álbum y lo presentaron en el ICR, es emocionante sentir que ya han pasado 10 años desde que yo escuchaba sus éxitos en mi mp4 y ahora los tenía frente a mí, en vivo, puedo asegurar que ese sábado 12 de octubre, lo que viví fue un sueño.

El domingo 13 de octubre mi teléfono se llenó de mensajes vía WhatsApp mis amigos y conocidos empezaron a mandarme fotos y videos del momento en el que estuve en la tarima con La Mosca, ahí me di cuenta que lo que viví no fue un sueño, fue la realidad.


En el segundo día del ICR se presentaban bandas que hasta ese día escuché, decidí llegar un poco más tarde tipo 4:00 pm, el primer día me dejo cansada pero aun así el cubrimiento y la experiencia debía continuar. Llegué para la presentación de Perros de Reserva, mi impresión fue “bueno, definitivamente hoy no es rock al estilo pop, pero vamos a ver qué resulta”. El vocalista era el que más destaca y no digo que sea por su voz sino por el “look u outfitt” que llevaba. 


Su rostro, cuello y manos estaban totalmente pintados de blanco, unos lentes parecidos a los que muchos usan para Halloween que son de color blanco le cubrían el color natural de sus ojos, en su cabeza calva una corona de púas plateada, en los parpados llevaba puesto un maquillaje entre morado y negro que le cubría bastante la parte de las ojeras y mejillas, ese color que daba como un tono vinotinto lo llevaba también en los labios y por supuesto las uñas negras. 


La banda empezó a tocar y no me disgustaba, no eran Don Tetto pero tampoco era un estilo de música que me sacará corriendo del Festival y que bueno que no me fui. En la segunda canción apareció la bailarina que realmente es la que saca a flote el performance de la agrupación, yo me quede anonadada, para mi ella fue la representación de la lujuria y no está mal, al fin y al cabo, es un pecado que vive en todos nosotros solo que en algunos sale a jugar mientras que en otros duerme. 

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Ella subió al escenario con un corset muy sexy, y no lo digo solo yo, la cara de los hombres lo confirmó aún más, medias de malla y un látigo ¿un látigo?, si un látigo negro y muy interesante. Su segunda aparición fue la que más se quedó en la retina de los asistentes, llevaba ropa interior negra, una cofia de monja (de color negro y línea superior blanca) y la parte superior de su cuerpo al descubierto, solo unas líneas de cinta negra que formaban una equis en sus pezones. Su participación fue una de las mejores de todo el Festival. Pero no solo fue su atrevimiento lo que me impresionó, lo mejor es esa autenticidad y ese desborde de amor propio que nunca nadie en la vida le podrá robar.

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Llegó el pogo, algo muy conocido por los amantes de este tipo de festivales que no solo reúnen al rock, pop sino otros estilos como el punk, metal entre otros, el ICR viene siendo para todos cada uno en su momento. Perros de Reserva dejó el escenario y fui a la parte de atrás para pedirles unas fotografías, recuerdo pedirle una foto al vocalista con acento paisa y aunque me causó mucha impresión la forma en la que se viste para su presentación, su energía y forma de tratar a los espectadores es totalmente diferente, lo que un maquillaje y prendas oscuras pueden ocultar. En ese momento me dije “recuerda que el chip de los prejuicios y estigmas se quedaron en casa”, saqué la lengua para la foto e hice con mis manos la típica señal que nos recuerda que el rock sigue en cada uno, no importa que estilo, rock es rock. 

Al final no aguante el voltaje dicen mis compañeros, que comentaban que después de las 9:00 de la noche llegaba lo que me iba a impresionar. Ya me dolían los pies, tenía hambre y sueño, me empecé a despedir y les dije no doy más, entre risas y abrazos me fui. Salí por la puerta de prensa, logística, etc., y mientras esperaba en la calle revise el celular, eran las 8:00 y las personas aún estaban haciendo fila para entrar, sonreí a la nada y en mi mente dije “espero estar acá para el 2020 y aguantar, por ahora gracias por la experiencia ICR”. 

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María Alejandra Ávila Vargas

© 2019 by revista El Rollo

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