OTRO LUNES

QUE NO FUE

27-ABRIL-2020

Ilustración: Cortesía de MATADOR 
 @matadorcaricaturista / @Matador000 / @ELTIEMPO 

     Otro lunes que no fue. Otro día que no saldremos, que no caminaremos las calles, que no saludaremos a doña María antes de comprar las arepas, o a don Carlos que vendía empanadas. Que don Alberto no pasará en la mañana vendiendo pan de quesos o en la tarde vendiendo chicharrones de arequipe, bocadillo o queso. La moto de los subidos no pasará en la noche y las escobas y los trapeadores solo se comprarán en el supermercado el día que podamos ir. 


  Estamos encerrados, seguimos encerrados, algunos voluntariamente, pero encerrados. Esperamos, seguimos esperando, contamos los días esperando. Vamos de cuarto a cuarto, del comedor a la cocina, de la sala al patio, del balcón al garaje, caminamos para allá, para acá, salimos, entramos. Nos sentamos, trabajamos, nos paramos, desayunamos, almorzamos, comemos, trabajamos, leemos, escribimos, leemos, vemos series, gritamos. 


   El fin de semana en las noticias se esforzaron muchísimo en calmarnos, en mostrarnos que en Europa estaban abriendo negocios, que en Asia se adaptaban a la nueva vida, que en Estados Unidos comieron jabón pero están bien, que no pasa a mayores, que todo bien, tranquilos, que con tal de tener tapabocas y las medidas sanitarias, nada se nos irá a pegar. Que el Metro de Medellín y su cultura tienen todo preparado, que Transmilenio en Bogotá está listo y desinfectado, que el transporte intermunicipal tiene certificaciones completas, que las empresas pueden preparar sus protocolos y subirlos a la nube y que los aprobarán para que sus empleados estén libres de todo mal y peligro. Que el lunes miraremos cómo nos va, que no aguantamos más, que no se puede dejar salir a todos, que solo algunos, que sí, que no, que es que no se puede, pero es que yo dije que se podía, pero es que yo tengo el análisis, pero es que yo soy el presidente. 


     Y arrancó el lunes, y todo va regresando a la normalidad, a la costumbre. Y a las cinco de la mañana me ha despertado una buseta, que escuché muchas voces, que se saludaban, que hablaban, que se preparaban. Vivo en el punto intermedio de dos uniones temporales que manejan construcciones y vías, que sus oficinas son el punto de encuentro para subir a La Línea a trabajar y que a las seis en punto regresaron para irse a sus casas. Fueron dos bellos meses sin ser despertado por las herramientas, las camionetas y la bulla de los señores que hablan y hablan antes de ir a trabajar. Hoy se reencontraron, pero no me quejo, yo también extraño a mis amigos, a mis compañeros, a familiares y a los cafés de Calarcá. 


     La vida nos cambió, ya estamos claros en esto, la fotocopiadora de la esquina ya mandó a poner rejas para poder atender desde adentro. La tienda de don Carlos en la esquina, vende las cervezas por la rejilla y recibe la plata con guantes. En la revueltería las verduras son tocadas solo por su dueño y entregadas por la ventana. Todos con tapabocas, todos con guantes, todos con miedo y mirando con desconfianza. Las panaderías dejaron de vender café en sus mesas, ahora solo es para llevar. Y el café La Tertulia ya anunció en Instagram que volverá, que hará domicilios de sus productos, qué rico una limonada, un capuccino, un tecito, un americano. Y aquí nos encontramos de nuevo, adaptados, haciéndole el quite al virus, al contagio, a la paranoia. 


     Hoy los mandaron a morir, nos mandaron a morir, la economía del país no aguanta más, los negocios no aguantan más y la misma clase media que sostiene a los de arriba y a los de abajo no aguanta más. Nos debemos adaptar, nos debemos acomodar, ser conscientes del peligro, pero no detener la vida. 


     Y nos adaptamos, y nos renovamos, y algunas ciudades somos ejemplo y noticia, como mi bello municipio, mi hermosa Calarcá, que fue noticia el fin de semana, que en Colombia todos recordaron este pueblito montañoso que hace café y reinados, y que su alcalde ha sido destituido por tres meses a causa de algunos malentendidos con contratos de mercados. Y que aún sin entregar el Plan de Desarrollo ya no estará, por ahora, en el cargo. Soy consciente que la tarea se estaba haciendo, pero bueno, esperaremos los resultados de la investigación, las declaraciones de los jueces. Todos tienen el beneficio de la duda, supongo. 


     Y aquí seguimos, esperando, y hace una semana que no me detenía, que los informes de entrega me ocuparon y que había olvidado todo. Que me encontré de pronto haciendo planes, esperando tal fecha, suponiendo que tal día podía ir allí y allá y luego recordé. Y luego me vi de nuevo en mi cuarto, y luego leí las noticias y me enteré que además del tiempo real que falta, inician otros quince días de aislamiento. Que aunque ciertos días van rápido, otros van muy lentos. Y por la ventana miro los rosales, y las rosas se marchitan y florecen, y la lluvia las hace bailar y el sol las embellece. Y me quedo en el balcón mirando el cielo, escuchando los pajaritos, viendo algunos perros que pasan buscando algo, buscando a alguien. Y veo los domicilios pasar, y veo a los taxis trabajar y escucho a los buses pitar. Desde mi ventana. Esto pasará, supongo. 

SOBRE EL AUTOR

Johan Andrés Rodríguez Lugo

Futuro Comunicador Social Periodista Universidad del Quindío.

- Tomar café, comer mucha pasta, la música, los libros, los viajes, cosas simples y también algunas complejas - “No es que una quiera es que toca, entonces tin”- 

Contacto:

Facebook: https://www.facebook.com/johanandres.rodriguezlugo

Twitter: @UnJohanTin

Instagram: @Johan_RL

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