San Pedro, el enviado de Dios 

Su vivienda es blanca por dentro y por fuera, pero transmite un aire oscuro, incluso sombrío si se quiere. Al llegar a la casa ubicada en el barrio Futuro, manzana L # 5, en el municipio de El Espinal - Tolima, se pueden observar unas rejas negras que “custodian” un garaje lleno de esculturas de diferentes personajes como matachines, lavanderas, El Mohán, entre otros. También se ven trajes típicos de la región y representaciones de algunas de las tradiciones más populares de la zona como el proceso de los tamales y la fabricación de artesanías.

 El ambiente al interior de la casa contrasta con el clima del municipio, es fresca y acogedora, un lugar ideal para descansar del sol intenso y del calor que caracterizan a El Espinal. Sus paredes son construidas en bahareque, de color blanco y textura corrugada.  Los pisos son en mineral de color rojo. 

Al entrar a la sala lo primero que se puede ver es una fotografía enmarcada, de un metro por un metro aproximadamente, con el retrato de una candidata al Reinado del San Pedro en El Espinal. El grano de la impresión deja ver la antigüedad de la imagen, de los años en que la fotografía análoga capturaba las postales de las fiestas y Augusto Cervera ya encarnaba a San Pedro como figura representativa de los festejos y personaje que encabeza los desfiles. 

Cuatro sillas mecedoras hechas de madera y tapizadas con tela a rayas en su espaldar más una mesa color café, de apariencia antigua, componen el mobiliario. Sobre la mesa se encuentran algunas maracas, al lado reposa una réplica a escala de la gran Tambora de El Espinal que da la bienvenida a los turistas.  También se encuentran artesanías como la gallina, la marrana, la flauta y el ukelele que son muy apetecidas por los turistas e, incluso, por los habitantes del municipio. Todas estas creaciones parten de ideas un poco sueltas y algo “locas'' que cobran forma a través de las hábiles manos de Augusto. 

San Pedro en El Espinal

Es un hombre alto, alrededor de 1,80 m, delgado, aproximadamente 65 kg, con barba blanca y larga que finaliza en punta. De manos grandes y gruesas, con una calvicie prominente. Todos estos rasgos, sin proponérselo, hacen referencia al apóstol San Pedro, personaje que ha representado durante cuatro décadas, ininterrumpidas, en las fiestas de El Espinal. 

En sus inicios Augusto Cervera tenía que usar barba postiza, ya que empezó muy joven con esta personificación. Los años le han proporcionado el vello facial necesario que fue dejando crecer hasta el día de hoy, barba que luce orgulloso, blanca y poblada, tal y como era la de su padre, quien también interpretó el mismo personaje antes que él.

Su padre Gustavo Cervera antes de fallecer le pidió el favor a Augusto de seguir con el legado que él había realizado durante seis años cada junio y julio de fiestas en El Espinal. Augusto aceptó seguir con la tradición.  Para continuar con este legado nunca tuvo que ir la alcaldía a pedir que lo dejaran hacerlo, sin ponerse de acuerdo, su padre y el alcalde tenían una idea similar. Un día se encontró de frente a la primera autoridad del municipio y este le dijo: “su papá hacía de San Pedro, entonces es bueno que usted lo siga haciendo”. Desde ese día sale cada 30 de junio, para dar inicio oficial a las fiestas de San Pedro en El Espinal.

San Pedro y las llaves de la festividad

Durante el primer fin de semana del mes de julio San Pedro abre las fiestas con las llaves de El Espinal que, según la tradición popular, son las mismas llaves que tiene el apóstol para abrir el portal del cielo. 

En la creencia católica las Llaves de San Pedro son un símbolo que representa las llaves del Reino de los Cielos y el poder otorgado a Simón Pedro por parte de Jesús de atar y desatar. Además, de exaltar  sobre los demás apóstoles. Se representan como dos llaves cruzadas, una de oro y otra de plata, y son un símbolo primordial de la iglesia y el papado, incluso, aparecen en el escudo de armas y estandarte papales. 

Toda esta simbología hace referencia a lo consignado en La Biblia. “Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo»” Mateo 16, 18-19.

Augusto Cervera sale por las calles y carreras con su traje, confeccionado por él mismo: una túnica verde atravesada por dos bandas, una verde y otra amarilla, que hacen referencia a la bandera del segundo municipio más grande del departamento del Tolima. También usa un listón en la cintura de color morado, que representa el carácter litúrgico tradicional de la celebración. En algunas ocasiones utiliza poncho y raboegallo de color rojo típicos de la zona dándole vida y ambiente a una de las fiestas más representativas de la región tolimense.

Cada año en el desfile de carrozas las diferentes candidatas y comitivas participantes presentan decoraciones representativas del Tolima en la versión municipal y de la región a la que se representan en la departamental.  La alegría y el sabor la transmiten las diferentes comparsas que acompañan a las candidatas entre flores, tamboras, mitos y los respectivos trajes típicos. Todo esto sucede a espaldas de Augusto que encabeza el desfile ataviado y apersonado de su representación de San Pedro.

Cada año el punto de encuentro para la salida del desfile de carrozas cambia, pero siempre finaliza en la plaza de toros Gilberto Charry sobre el mediodía, dando apertura al encierre de tres o cuatro toros sincelejanos. El desfile entra a la plaza dando una pequeña vuelta alrededor de ella mostrando a las personas que se encuentran en los palcos la alegría y el colorido de este desfile típico de la región.

Las candidatas, comparsas y San Pedro abandonan el lugar, dejando tras de sí voces que gritan « ¡corra, lo va a coger el toro! », « ¡No sea bobo, sálgase, lo van a matar! », « ¡Hágale, corra y péguele! », pues da inicio el encierre, conocido como corralejas en otras regiones del país, y en el que los participantes se juegan la vida intentando ser más ágiles y rápidos que los toros elegidos para dicha celebración. 

Durante la travesía las personas le gritan « ¡San Pedro! » gritan las personas, le piden tomarse fotos o simplemente estrechan sus manos. Muestras de afecto como estas hacen que este hombre tenga cada vez más ganas de seguir dándole vida a las fiestas. Aunque no falta quien lo ha llamado payaso, esto no lo afecta porque sabe el significado de lo que representa y la acogida que ha tenido durante 40 años: “Mientras usted sabe lo que está haciendo todo se torna alrededor suyo como maravilloso, es la base principal para eso”. 

Anualmente el desfile náutico empieza a las 10 de la mañana. Durante las dos horas del recorrido Augusto saluda, ríe, dando alegría y generando curiosidad en los turistas que acuden a la festividad. Navegar en una balsa por el río Magdalena, entre el municipio de Suárez y el malecón La Caimanera, en El Espinal, tiene sus riesgos. La embarcación es conducida por varios balseros. 

“Una vez me hicieron una balsa muy pequeña y nos cogió un remolino, menos mal me crié en las orillas del río Magdalena y había tenido relación con muchos balseros. Yo sabía cómo manejar eso, entonces la balsa llegó y se paró en punta, yo me cogí duro y la balsa salió o sino no les estaría contando esta historia”, recuerda Augusto.

¿De dónde viene San Pedro?

“El maestro” como es llamado por muchos, nació el 6 de noviembre de 1951 y creció en las montañas del municipio de Purificación - Tolima su tierra natal. Llegó a El Espinal a la edad de 6 años ya que su padre se desplazó a este municipio por asuntos laborales. Cervera solo estudió hasta tercero de primaria porque “le mamaba gallo hasta un elefante”, era muy indisciplinado, a pesar de esto, su mente nunca dejó de albergar una cantidad de ideas e ideas desde niño. Recuerda que a los 15 su padre le dijo algo que lo marcaria de por vida: “Mi papá me dijo usted es un genio, pero sin estudio puede, pero estudie”. Entonces tomó un diccionario y lo pasó todo a 82 cuadernos, “yo terminé, se lo pasé a mi papá y le dije: acabo de recibir el título de literatura”.

Otra de las facetas que ha marcado su vida es el deporte.  En su juventud fue boxeador, estuvo en tres campeonatos nacionales, “fui medalla de bronce y en otra medalla de plata”. La música pudo más y dejó el boxeo para incursionar en ella.

 

La música le ha dado grandes alegrías y a la vez lo ha enfrentado a grandes tristezas, “afortunadamente me empezó a ir bien, empecé a componer, que es lo que me hace el mayor reconocimiento en el área nacional como compositor de música colombiana”, recuerda. Pero, al mismo tiempo vivió lapsos oscuros: “fui vicioso, marihuanero, basuquero, periquero en medio de la música”. 

Fue reconocido y tuvo mucha acogida gracias al dueto Acosta y Cervera; también estuvo un tiempo con Silva y Villalba, pero las necesidades económicas de la época le impidieron seguir con esta carrera. Hoy continúa su labor como luthier, labor que aprendió en el Conservatorio. Aún guarda más de 400 canciones de su autoría en hojas, ya que solo unas pocas han sido grabadas hasta el momento. 

Cervera, a los 30 años, ya había dejado las drogas y no quería volver a saber nada de ellas, había dado un paso nuevo en su vida, hasta el día que “un amigo” se le cruzó en el camino, ante la insinuación de volver a probarlas Augusto le dijo: “Yo no jodo con eso, no quiero saber nada de eso”, pero su “amigo” logró persuadirlo para que lo acompañara a fumar “pipazo”. Cervera se dejó seducir para mostrar su hombría, “prendo el ‘porro’ y caigo pasmado en el suelo, de una manera singular, siento como mi cuerpo se eleva a 15 metros de distancia mientras mi amigo susurraba que durmiera que él me despertaba”. 

De ese trance, el maestro recuerda con emoción, “yo salgo y recorro todo el mundo, me elevo, me meto en el túnel, allá, al otro lado del túnel, una luz diminuta… y se iba agradando, yo quería llegar allá y atravesé el túnel, cuando llegué a la boca, vi a Dios. Es algo muy maravilloso, ningún ser humano con toda la capacidad filosófica literaria tiene para describir la divinidad. Dios me dice: «Yo soy Dios y aquí vendrán todos los seres vivientes y de aquí no vuelven a salir nunca, aquí va a venir usted, pero no es su momento, devuélvase y vaya y le dice a la humanidad quien soy».

Al experimentar estos sucesos en su vida optó por empezar a escribir tres libros, uno es El demonio del cielo “el nombre del libro es subjetivo, acapara las mentes de todas las personas”, es el que tiene conexión con el personaje de San Pedro porque describe cómo fue su vida, “soy buscador de la realidad, entonces desde muy niño he estado haciendo eso descubriendo la vida, descubriendo la humanidad, dándome cuenta de la mierda que somos nosotros”. Habla también de esos cambios que ha tenido en la vida, “es una “metamorfosis”, así entre comillas, pero que ha formado mi vida en medio del vicio de ese tipo de cosas. No he hecho cosas malas, me han sobrado miles de propuestas malas, pero siempre he escogido la vida de artista, yo me defino como un loco cuerdo, enamorado de la mentira, vivo y hago con el corazón, la verdad yo en ese libro plasmo ese tipo de cosas”.

Por otro lado, Mitología, labores y costumbres es otra de sus obras que describe la cultura, tradiciones y las actividades típicas de la región. Realizó una obra artesanal como sustentación del libro, hecha de barro, con diversidad de colores, donde muestra la lechona, las cotizas, la pesca, los tamales, los instrumentos típicos del Tolima, El Mohán, el pájaro silbador y el baile del San Pedro.

 

El último libro aún sigue en proceso de escritura, le faltan muchos detalles, titulado bajo el nombre de Herederos de la muerte, y define cómo son los cambios que tendrá el mundo. Augusto Cervera continúa a la espera de que una editorial o un patrocinador se interesen en sus escritos para poder publicarlos. 

Le gusta defender las tradiciones nuestras, “admiro a las personas que se esmeran por conocer las raíces y la cultura, todo este tipo de cosas me han hecho un loco”. Su admiración por el arte lo ha llevado a elaborar distintos instrumentos significativos de la región. También se ha dedicado a preparar reinas en la parte cultural, enseñándoles y mostrándoles lo que se debe saber acerca de cada una de las tradiciones que hay en El Espinal.

El legado perdurará

A pesar de tener seis hijos, Cervera vive solo. Ese ambiente un poco extraño que se siente al ingresar en su casa es soledad, pero una soledad creativa. Augusto, finalmente logró que uno de sus hijos siguiera el legado de representar a San Pedro cada año. Este es Óscar, cuya apariencia física: calvicie, altura y barba lo hacen ideal para mantener esta tradición familiar. 

Pero encarnar a San Pedro es la única razón para que los Cervera sean recordados en El Espinal. Augusto recuerda las palabras de Gustavo: “Vea, hijo, vea todo lo que usted se proponga lo va a hacer porque usted no es un hombre común y corriente, usted es diferente a muchos, todo lo que usted quiera hacer con sus manos usted lo hace, y a raíz de eso empecé hacer muchas cosas, yo soy prodigioso con las manos”. 

Antes de morir su padre, Augusto prometió dejar en alto su nombre, por medio de un monumento. Aunque no pudo en vida otorgarle esa satisfacción, no se quedó con las ganas de cumplir su promesa. Empezó a “cranear” el  monumento y “una noche soñé con mi papá en un parque sentado, yo iba en una bicicleta y me fui para donde él y le dije:

  • ¿Qué hace acá?

  • Mijo vine acá porque usted me necesita

  • Si quiero hacer el monumento que le prometí, entonces yo le dibuje lo que quería hacer y él me dijo:

  • No mijo, eso así como usted lo quiere hacer es maravilloso y sería la verraquera pero no lo haga así hágalo así”.

 

De ahí nació la idea de construir el monumento a la Tambora en El Espinal. A sus 38 años el maestro Cervera logró, el 7 de abril de 1990, cumplir la promesa a su padre, siendo alcalde Lisandro Enrique Orjuela Reyes. Esta bella obra la realizó con ayuda de su hermano el ingeniero Adán Cervera. La Tambora se encuentra ubicada en la intersección de las carreteras al occidente y al sur del país; la tradición dicta que está allí como guardián celoso de la tradición musical del Tolima y como símbolo de los compositores que fomentan la música folclórica del Tolima”.

“Yo sé cuándo me voy a morir, ya no me falta nada, yo no duró mucho, la muerte es lo más bello que Dios le puede dar a uno, hago un paralelo de la vida y de la muerte”, así considera Augusto que terminará su historia como San Pedro en la tierra, antes de encontrarse con su homónimo en el cielo.