'El corazón de mierda'

Por: María Cecilia Rodríguez Vivas

— ¿Qué por qué me hago llamar Mierda? Siempre he pensado que la gente es muy fácil de la cabeza, me encanta ver los gestos de las personas cuando me presento como “mierda”, que al final para mí es un nombre o apodo más pero, por lo general, nos dejamos llevar por la apariencias, por lo exterior, lo superfluo y no por la esencia, por el sentir.

 

Siempre me encontraba a Mierda en el Puente del Humilladero y me pedía el favor que lo acompañara a la Esmeralda. Esa era la rutina. Llegábamos allá, comparaba supongo su bolsón de coca y nos regresábamos al Puente, su oficina, como él mismo dice.

 

La primera vez que lo vi me impactó su apariencia, una mirada fuerte y desafiante, siempre frunciendo el seño, a la defensiva con la gente, con el mundo, sus ojos verdes y grandes de mirada fija casi sin parpadear, sin temer un dialogo. Su rostro es de rasgos fuertes. Su nariz y su boca son grandes. Dice que viene de descendencia Italiana por su abuelo materno. Es un poco acuerpado, pero no mucho. Viste jeans y camisetas sencillas con botas negras, y su pelo rapado a los dos costados con una cresta bajita que de lejos puede pasar inadvertida.

 

Pero creo que más que su apariencia, lo que me llamó la atención fue su actitud que denotaba un fuerte carácter y una firme rudeza, como si estuviera molesto con la vida, como si la misma le hubiera hecho alguna mala jugada, siempre lejos de la gente, distante, pareciendo ser una persona no muy sociable.

 

Supongo que con los artesanos del Puente del Humilladero encuentra cierta empatía, gustos compartidos, estilos de vida y formas de pensar  quizá similares. Debe ser por eso también que es su oficina, donde se lo encuentra muy a menudo “mamando gallo”, porque eso es lo que a él le encanta.

 

Mierda, que originalmente se llama Juan Pablo, es artesano de tiempo incompleto, trabaja la madera, la construcción. Es pintor, payaso, recreacionista. Tiene talento para el teatro y la música, pero no le gusta este tema de la fama, “el pantallazo”, es por eso  que él mismo decidió no ser de este tipo de músicos; hace música no para llamar la atención de los demás o conseguir reconocimiento, sino porque le nace del corazón.

 

—Soy fruto de un polvo en el Hotel Tequendama de Bogotá, hijo del primer hombre que fabricó clorhidrato de heroína para Pablo Escobar e hijo de la primera mujer que hizo un desnudo en Colombia con el Teatro Experimental de Bogotá. Tengo once medio hermanos, hijo único. Cuando mi madre parió me llevo donde mi padre y se marchó. Quien me crió fue él, la costumbre de ella siempre era llevar a sus hijos recién nacidos a sus respectivos padres.

 

Tengo 39 años y soy de Medellín. Realmente nací en el cosmos, en una galaxia, en un sistema solar, en un planeta, etc. En este punto tendría que empezar a resumir y resumir hasta llegar al momento de la concepción, del útero hacia afuera. ¿Qué te puedo decir? ¡El mundo! Ese que como a todos los niños nos asusta con la primera mirada. Un hombre sudando vestido de blanco y no puedes respirar cuando te cuelgan de los pies y te dan una nalgada seguida del primer llanto. Todos sonríen: “lloró, está bien”.

 

Nací con un don heredado de papá (no digo “mi mamá” porque nadie es objeto de nadie, somos personas libres), tengo  el plano de las manos abierto, soy médium. ¿Qué es médium? Es tener la capacidad de acceder a un canal de información entre planos relacionados en un solo tiempo (ahora vivimos en un plano determinado, la tierra). Básicamente veo cosas que a simple vista no se ven.

 

Hasta los once años llevaba una vida cómoda, me hospedaba en hoteles lujosos, todo lo que un hijo de un narcotraficante podría tener. Pero llegó un momento en el que decidí separarme de este estilo de vida, me dejé llevar por mi sentir y arranqué mi vuelo. Primera estación: Ecuador. De ahí en adelante he sido un viajero que resolvió guiar su vida por el camino de la consciencia del amor, no por lo material y lo que el sistema quiere vendernos, que por cierto no es el camino más fácil, ¿o crees que es sencillo ser para la mayoría de gente un inadaptado social?

 

Me gustan las drogas, la calle, el punk, las mujeres. Me considero anarquista, soy adicto a la vida y al amor. Reconozco que soy un cabrón, pero si algo bueno tengo como ser humano es que no soy rencoroso, que soy frentero y sincero y soy una persona de fe, en el Padre, Dios, y la vida…

 

Y si me preguntas que es lo más importante que ha pasado por mi vida, te respondo sin titubear que han sido el cucho que me crío, quien ya trascendió este plano, y el hijo, Juan Camilo, del que soy padre, por él es que vivo aquí en Popayán hace cinco años. Ellos han sido dos ejes importantes en mi vida, para mí lo más trascendental de este plano. Es por ellos que he sentido un afecto fuerte y sincero, sin ataduras ni condiciones, sin tabúes ni complejos sociales, como el amor de pareja .El cariño hacia ellos simplemente existe, es un amor que trasciende.

 

Pero sin duda lo más trascendental en mi vida ¡ha sido esta!, “la vida”. Cuando reflexiono acerca de ella sólo pienso en la experiencia fuerte y constante que habita en la mente. “En el fondo, la muerte” es la que más me ha marcado la vida, ¿tiene sentido, no?

 

—Entonces qué, bestia, ¿nos vamos ya?— me dijo Mierda luego de una charla grata y amena. Ese fue el último encuentro que tuve con él después de haber logrado establecer una cierta confianza, alguna. Con él se disfruta conversar y aprender.

¿Pero quién es entonces Mierda? Al fin de cuentas Mierda es un tipo común y corriente, ni tan corriente, depronto un poco inmaduro aún que evidencia ansiedad en sus actos. Es una persona bastante excéntrica y psicodélica, con cualidades y defectos muy fuertes y marcados, pero lo uno no le quita lo otro.

 

Es un ser humano simpático, alegre y desinteresado en sus actos. Cuando hace las cosas es porque realmente le nacen del corazón, actúa de forma natural, como pocos; un hombre que aparenta ser agresivo y rudo, pero que en el fondo es un ser sensible con mucho amor por ofrecer.

 

—El sentido de la vida es la trascendencia hacia la luz, el Padre. ¿Cómo buscarla? Pues en el corazón, en el fondo oscuro y fresco del amor. ¿O no, mounstra?

 

SOBRE EL AUTOR

 

María Cecilia Rodríguez Vivas

Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Fundación Universitaria de Popayán

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