Alejandrino Cabezas, un soltero dedicado a las mujeres. Su misión: convertirlas en reinas…

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A los 13 años, en 1965, Alejandrino Cabezas encontró lo que sería una vocación y parte fundamental de su vida, los reinados populares de El Espinal. Pero más que las fiestas, fue la dinámica alrededor de las reinas lo que le llamó la atención, allí empezó su recorrido como preparador de reinas, camino que lleva transitando 56 años. 

“En las fiestas de El Espinal solamente eran capitanas, no habían reinados, no había sino capitanas, madrinas por empresas, por barrios. Yo salí la primera vez acompañando a una niña del barrio Libertador, porque en ese tiempo Santa Margarita aún no existía y yo había nacido en el Libertador. La niña se llamaba Margarita Guzmán, ella salió con su carrocita, ella misma la costeó, nos dio la ropa de la comparsa y yo salí brincando, bailando, feliz por las calles de El Espinal. Desde ahí me sentí alagado, me sentí emocionado y quise seguir esta trayectoria; al año siguiente seguí participando con todas las comparsas que fueron saliendo hasta cuando llegaron los primeros reinados”. Recuerda Alejandrino.  

Hoy día, en el barrio Santa Margarita María, a pocas cuadras del matadero municipal de El Espinal, a sus 69 años y dedicado a las labores de sastre, mismas que alterna con la preparación de reinas, pasa sus días Alejandrino Cabezas, un hombre tierno que transmite calidez y transpira pasión por lo que hace, a pesar de que no recibe compensación alguna, ya que el interés monetario no lo mueve.

Abierto al diálogo y dispuesto a compartir sus recuerdos y vivencias, incluso de aquellos años escolares y de las “prácticas pedagógicas” de esos días, que hoy son impensables y que, de darse, provocarían un gran escándalo. “La verdad mi infancia fue muy linda, mis padres me inculcaron muchos principios, mucha moral, cuando yo estudié se leía y uno tenía que participar en las clases de la urbanidad de Carreño, por eso soy una persona muy educada, muy decente, siempre llevo las reglas que nos enseñaron los profesores de esa época cuando en verdad en una mano estaba la regla y en la otra estaba el libro con el que iban haciendo preguntas, y era muy lindo, muy bonito y nadie se traumatizó, todo el mundo salió adelante, todo el mundo surgió”, señala. 

Y no tiene reparos en destacar que gracias a la mano fuerte con la que fue educado se preparó y salió adelante: “Mi niñez fue muy bonita, siempre me destaqué por ser amable y por ser servicial y, como te digo, nos enseñaron que el padre le daba a uno con una mano el pan y en la otra tenía el rejo”, reitera. 

El arte de la sastrería llegó a su vida a los 14 años, “aprendí lo que es el diseño de ropa, yo coso pantalonería, camisería, bermudas y todo, me siento feliz porque aprendí este arte y le he cosido a muchas personalidades de la ciudad. Tuve el gusto de coserle al doctor Mauricio Ortiz; al doctor Ricardo Aguirre Palacios; al doctor Luis Alfredo Buelvas, al doctor Hernán Parodi, al doctor Gregorio Rojas,  a muchos médicos y a la mayoría de profesores que habían en el colegio  San Isidoro, como Gonzalo de los Ríos, el profe Sergio Garzón, el profesor Becerra, el profesor Alfonso Flórez y Germán Rojas, llegaron hasta donde mí y yo les diseñaba la ropa y quedaban muy satisfechos, contentos. He cosido mucho y a muchas personalidades, por eso me siento feliz y orgulloso”. 

Soltero por decisión

Como hijo menor fue muy apegado a su madre y con el pasar del tiempo decidió que sería quien estaría a su lado hasta el final de sus días. “Siempre quise estar al lado de ella, acompañarla, yo no quería que nadie se fuera a meter con mi mamá, que nadie fuera a tratármela mal, que nadie me la fuera a mirar mal, entonces, yo decidí quedarme, pero no me arrepiento, tengo más de 20 sobrinos, los quiero y los adoro, todos me adoran como si yo fuera el papá”.  

Con el pasar de los años sus hermanos tomaron otros rumbos y él fue quien acompañó a su madre hasta el último de sus días: “Me quedé soltero, siempre viví al lado de mi madre que murió hace unos 20 años, estuve siempre con mi familia y para qué hijos si tengo una gran cantidad de sobrinos que me quieren, que me aprecian, me colaboran, mis hermanos, mi familia, entonces no me siento solo, no me siento abandonado, me siento acompañado por ellos”. La dedicación casi exclusiva a su madre alejó el amor de otras mujeres, pero este fue reemplazado por el cariño que le han brindado las reinas que ha preparado a lo largo de su vida. 

Autodidacta

Se preparó a conciencia y por iniciativa propia, quería ser un hombre educado. “Me siento feliz, porque me siento único como preparador en la ciudad de El Espinal.  Yo no soy estudiado, escasamente hice hasta quinto de primaria, no tuve preparador, no tuve folclorólogo, no tuve nada, me hice solo, leyendo, viviendo las fiestas; y a mí me fascina todo lo relacionado a la cultura, el folclor, todo lo que sea mitología, me fascina conocer los sitios históricos, antiguos, no me gusta el modernismo”, señala. 

Recuerda a Carlos Perdomo, a quien considera su maestro en la preparación de reinas. Lo considera poco valorado en El Espinal. “Muy conocedor de la cultura, el folclor, la tradición, tuvimos una amistad muy cercana, don Carlos me empapaba, me regalaba libros sobre cultura, sobre folclor, me enseñaba la historia de El Espinal”.

Fue Carlos Perdomo quien le habló de dónde se ubicó primero el pueblo, a dónde lo trasladaron después, dónde fueron las primeras fiestas, quién fue la primera reina, “todo ese legado se lo debo a don Carlos y yo como soy como un cassette grabé todo lo que él me enseñó y no se me ha olvidado y se me olvidará solo el día que yo me muera”. Se siente orgulloso de su mentor y reconoce en público quién le abrió la puerta  a la preparación de reinas. “Entonces esto se lo debo a, en paz descanse, Carlos Perdomo Ávila”.

Con el arte de la costura sucedió algo parecido. Alejandrino se considera diseñador de ropa desde hace 55 años, cuando “tenía 14 años empezó mi amor por la costura, mi madre fue una costurera muy famosa, mi hermana que era sordomuda, fue la mejor modista que tuvo esta ciudad, siempre les cosió a las mejores personalidades de la ciudad”. 

“Al lado de ellos yo aprendí a mover la máquina, a coser, prácticamente me hice solo porque mis padres eran muy pobres, no tuvieron con qué pagarme un maestro que me enseñara, entonces, yo tenía un amigo que era sastre y me iba allá a charlar y le ponía cuidado cómo embolsillaba, cómo hacía las cosas, cómo cortaba y así empecé”, recuerda Alejandrino. 

Y llegaron las reinas… 

Alejo o Alejito, como lo llaman en El Espinal, mantiene en constante aprendizaje en lo que a preparar reinas se refiere, pues considera fundamental prepararse día a día, estar en constante actualización. “Mi primera experiencia fue con la lindísima María Rocío Durán García quien representó el barrio Libertador, la preparé y fue una alegría inmensa. Esa noche casi me da un infarto cuando en la Plaza de Bolívar, el 28 de junio a las 12 de la noche, el jurado da el nombre de María Rocío Durán García como reina de las fiestas del San Pedro, y 24 horas después ganaba el departamental”, recuerda el señor Cabezas, con una alegría que no solo invade su rostro sino toda su casa. 

Entre puntada y puntada

En sus inicios como sastre se tuvo a sí mismo como modelo: “Yo empecé consiguiendo lonas de esas donde empacaban el algodón, cortaba ahí y bregaba a armar los pantalones -a veces me quedaban como los de César Rincón, ni me cabían- (risas) y así fui aprendiendo, fui corrigiendo errores”, comenta. 

Las revistas de modas o figurines como las llaman las señoras, y la televisión, le han permitido tener referencias para luego utilizar la imaginación, la creatividad y la inspiración, “yo saco el diseño, me lo imagino, lo dibujo, otras veces lo veo en televisión y lo pinto, o lo veo en revistas y de ahí voy sacando y cuadrando los diseños según la ocasión; si es para una fiesta de 15, si es para un matrimonio, si es para las reinas”, recuerda.

Pero como en todo arte se necesita de la colaboración de personas con experiencia para avanzar, “por ahí una que otra persona que sabía me decía: no, mire, esto es así entonces así me hice sastre y siempre fui cotizado, porque fui uno de los mejores sastres de la ciudad”, señala.

 

En sus inicios el ensayo y error fue la clave, porque “empecé desbaratando pantalones y miraba y sacaba bolsillo sobre el molde, yo era desbarate y desbarate y haga y haga, hasta que las cosas se me iban dando y así aprendí a embolsillar y hacer pantalones”, pero definitivamente el intercambio de conocimiento le fue más útil y beneficioso tanto a él como a sus colegas. “Después hubo una señora, Puri, y ella sabía hacer pantalón de hombre perfecto, pero entonces ella no hacia los slack, entonces un día me dijo:

-¡Ey! yo te enseño mi trazo de pantalón y tú me enseñas el de los slacks

-Entonces yo le dije listo. Así se dio el intercambio y así fue que yo saqué el trazo para pantalones de hombre y para embolsillar perfectamente.

 

 

Entre reina y trajes

Alejandrino Cabezas ha llevado sus reinas hasta la ciudad de Ibagué para participar en el reinado Departamental y Nacional del Folclor, “he viajado varias veces a acompañar las niñas que han concursado y hemos ganado, porque El Espinal es un municipio que se respeta y es un paraíso de mujeres bellas, en cualquier lugar a donde llegan las niñas  todo el mundo dice ojo con “la pelachiva”, como cariñosamente nos llaman”, recuerda orgulloso. 

De igual forma, ha tenido la oportunidad de preparar candidatas para el Reinado Nacional de la Belleza en Cartagena. “El Espinal ha aportado muchas niñas para el Reinado Nacional, tenemos a Luz Helena Ramos, Lorena Lizcano, María Mercedes Ramos. También a niñas que han representado el departamento de Cundinamarca como lo fue Martha Lucía Guzmán, Virreina Nacional de la Belleza  o Marcela Devia, quien representó a Guainía. Representantes de otras regiones del país han venido a El Espinal y se han encantado de las niñas y las han pedido para  llevarlas a Cartagena costeándoles todo,  como Martha Patarroyo, que  representó el departamento de Cundinamarca. El Espinal es un semillero de mujeres lindas y un semillero de reinas”.

Por el lado de la confección de trajes, recuerda Cabezas que fue su padre quien le proporcionó su primera máquina: “Empecé con una maquinita que me regaló mi papá, la tenía por ahí guardada, la tenía arrumada, entonces cuando él vio el entusiasmo y el amor mío por el diseño de ropas, me dijo: ´le voy a regalar la máquina para que se defienda, ya que no quiso estudiar´ y recuerdo cuando le contesté, bueno papá”. Con esa máquina empezó a coser. A los 40 años se le acabó porque era mucho el “trajín”, “entonces después conseguí otra que es la que actualmente tengo, tiene más de 40 años ya, ahí me he hecho yo, así he trabajado y así me he sostenido porque la pobreza de mi familia era muy grande, muy pobres, muy humildes, pero a Dios gracias tuve unos padres muy responsables y serios que nos enseñaron a ganarnos el dinero limpia y honradamente”, afirma Alejandrino.  

En ciertos momentos ha podido combinar sus dos ocupaciones, “me ha gustado también sacar diseños para los vestidos de las reinas, claro que yo no los elaboró; saco el diseño, consigo la tela, explico, voy donde la modista y ella me hace esos vestidos tan lindos que siempre han sido muy admirados y envidiados en las coronaciones de la señorita del barrio Santa Margarita María”, comenta.

¿Y cómo se prepara una reina?

Alejandrino siempre hace énfasis que no solo prepara las reinas de su barrio Santa Margarita María, o solo para el reinado de San Pedro, también ha preparado reinas para el Reinado Nacional del Mar, para el Reinado Nacional del Bambuco, entre muchos otros. “Siempre me fijo en lo importante, el turismo, la cultura de cada ciudad, de cada municipio, entonces escudriño eso, leo, busco las tradiciones, las costumbres de cada ciudad y de cada pueblo, porque todas tienen un folclor diferente, una costumbre diferente y una tradición diferente”, afirma. 

Reitera y señala las diferencias culturales que implica preparar una candidata para cada certamen. No basta con la belleza física, que es importante, también el conocimiento sobre la región y la tradición que rodea el reinado es fundamental. “Para el Reinado del Mar a la niña hay que enseñarle la importancia de lo que es el mar, para qué nos sirve, los cuidados que hay que tener con él, entre muchas otras cosas”.

 

Así como para reinados como el del folclor o el bambuco donde las candidatas interpretan instrumentos musicales tradicionales, o ejecutan danzas folclóricas de las diferentes regiones, el Reinado del Mar tiene su propia exigencia, ellas “deben aprender a manejar lanchas, canoas, motos acuáticas. Entonces yo lo primero que les recomiendo es ir a Prado, allí hay motos náuticas, lanchas, de todo para que la niña aprenda, dejándole claro que allá en Santa Marta es más veloz el agua y hay olas muy fuertes. Por eso, la candidata tiene que aprender a dominarlas, entonces allá en Prado van aprendiendo y un mes antes viaja a Santa Marta para montar y aprender a manejar esos oleajes más fuertes”.  

Ha viajado a la Guajira con representantes para el Festival y Reinado Nacional del Dividivi, el festival destaca esta planta nativa y propia de la cultura wayúu, enfatizando en la historia, la cultura y la economía de esta región. Logró llegar allí con Yamile Murillo Palma, quien fue proclamada virreina. También ha llevado niñas al Reinado Nacional del Joropo en Villavicencio, “leo sobre las costumbres, la tradición de ese departamento, los instrumentos típicos, que es lo que se va a bailar, y las empapo sobre eso, entonces mis reinas van muy bien preparadas”.

Pero Alejandrino también tiene sus secretos, “les enseño cómo robarse el corazón del jurado, cómo conquistarlo, echárselo  al bolsillo.  Yo le enseño como entrar, como llegar, como saludar al jurado, la coquetería, la gracia y la zalamería, para que el jurado se sienta encantado de esta mujer, de esta preciosa niña, que ella le haga preguntas, no esperar solamente que el jurado pregunte. No, la reina debe ser muy inteligente, debe preguntar y así lograr que el jurado se sienta comprometido con ella”. 

El rival 

Alejandrino tiene una rivalidad amistosa y de admiración mutua con Augusto Cervera, San Pedro. El Maestro, como se refiere a Cervera, ha sido un gran contrincante en lo que a la preparación de reina se refiere, se han encontrado en varias oportunidades en las veladas de elección y coronación, y se siente orgulloso de sus triunfos. “La verdad yo respeto mucho al Maestro, es un gran y excelente preparador, casi siempre que hemos salido los dos, hemos tenido la oportunidad de preparar él una y yo la otra; casi siempre la mía ha sido la reina y la de él la virreina”. 

Son amigos, se saludan con respeto y cortesía, se denominan maestros mutuamente y disfrutan de su cordial rivalidad, la misma que los impulsa a seguir adelante en el arte de preparar reinas. “Es que ahí es el que pise más rápido, el que ande más rápido y el que se mueva más rápido; él tiene sus métodos para preparar y yo tengo los míos, y estos han funcionado muy bien porque en Ibagué hemos ganado muchas coronas”, señala.

Recuerda a Gisela Castro Cruz, quien fue Reina Nacional del Folclor, a María Mercedes Rodríguez Cartagena y a Angélica Díaz Soto, “yo las acompañé, estuve dándoles instrucciones, y  me siento feliz porque hemos traído muchas coronas nacionales”.

Reiteró que jamás ha cobrado por esta labor, “yo a mi cuenta la verdad nunca he cobrado, siempre ha sido por amor a El Espinal, a la cultura, al folclor y el gran amor que siento por las reinas”.

Un diario transcurrir

Su vida transcurre entre la costura, escuchar las noticias y, por supuesto, ver los reinados. “Bueno, pues la verdad a mí lo que más me gusta es ver  reinados, soy feliz, siempre miro bien, bien, bien, fijo la vista y digo fulana de tal y pues casi nunca los cálculos me fallan”. 

Como hombre de cultura sabe la importancia de mantenerse informado. “Me gustan las noticias para empaparme a diario de todo lo que pasa en el país, en otros países, porque no solo escucho las noticias de acá, sino noticias de otros países para ver qué sucede por allá, que está pasando”, señala. 

Y como era de suponer, un buen autodidacta es un gran lector. “Me  gusta mucho leer lo que sea cultura, lo que sea folclor, lo que sea historia; a mí regálame un libro de tradición, de cosas viejas, de ruinas, de ciudades… me gustan mucho”. De allí se desprende un sueño que espera poder cumplir antes de partir de esta vida: “Espero algún día poder ir a México y conocer esas pirámides tan lindas que dejaron los Aztecas o visitar la ciudad perdida de Machu Pichu en el Perú; todo eso es lo que a mí me gusta, me encanta”.